A new day yesterday

A new day yesterday

De la misma forma que a todo cerdo le llega su San Martín o a todo programa su “Hola Mundo”, a todo blog le llega su primera entrada, su “Mi primer post”. He hecho mío el título de la apertura del primer disco de Jethro Tull, Stand Up. No sólo por lo que es, el primer disco que generó ese sonido único de una de mis bandas favoritas. Que certificó a Ian Anderson como líder indiscutible, ya con esa inmortalizada pose de tocar sobre una sola pierna la flauta travesera. Que incluye grandes éxitos del folk rock, como es Bourée, y otros que sin ser tan famosos delatan una belleza inusitada, como Look into the sun y Reasons for Waiting. No, mis razones no acaban ahí.

En realidad nunca acaban, como nunca acaba el gusanillo que te revuelve las tripas cuando sientes de verdad (y no sólo escuchas) una canción. O cuando no tienes duda que tu amor va dirigido de forma certera, cuál disparo de la pistola de Clint Eastwood, a las tripas de ese totum revolutum sonoro que llamamos música. Y en este sentido, A new Yesterday habla de ese amor que se fue pero que nunca se olvidó. Que es y sigue estando.

Por más que dejes de escuchar música por una temporada, tarde o temprano vuelves al redil. Porque una de las cosas más colectivas que existe es, sin lugar a dudas, escuchar música. Hablar de música, Producir, enlatar cómo conserva (porque las canciones son inmortales), tocar, leer. Escribir.

En definitiva y como decíamos al principio, a todo blog, bitácora, le llega su primer entrada. Y un blog puede acabarse. Como se acaba la tinta. O te cortan la luz porque eres lo suficientemente pobre (algo habitual si eres periodista).

¿Pero la música?

La música nunca se para.

 

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