El cantante de los News se abre  en solitario al público de la Redhouse con un repertorio basado en su reciente EP Zingaro, además de una adición de su particular universo creativo.

Quentin Gas aprieta las clavijas y se pelea con las pruebas de sonido, a la espera de un público que entra a borbotones en la Redhouse, tan presente fuera del local, como en la barra como cerca del improvisado escenario. Es la ventaja de tocar en cafés, que permiten la sintonía a distancias cortas, algo en lo que Quentin Gas se desenvuelve sin problemas. Sin demasiadas ceremonias y flanqueado por ”amplis” y parlantes,  daba apertura, con un ligero aullido que resonaba desde las entrañas del bar, a Jesus the Savior.

Voz rasgada, cuerdas vibrantes y temblorosas acompañadas de rápidos y secos rasgueos protagonizaron las primeras estrofas de un canción tan enérgica como sentida. Durante la siguiente hora y media fuimos testigos del trabajo secreto de Quentin Gas, en el que destaca un amplio registro melódico tanto de cuerdas vocales como de cuerdas metálicas. De tonos agudos a graves en un suspiro, de ritmos lentos y baladas acompasadas a las estridencias más rockeras. A un Zingaro al desnudo, sin palmas ni acompañamiento más que la atención queda de los presentes, se le unía un Fire Walk With Me. “Es una canción bastante difícil para alguien que no sabe tocar la guitarra”, replica con ironía desde su taburete.

El empleo de las pausas no permite un respiro, mantiene atento al personal. Tan sólo las recurrentes pausas para secarse el sudor y maldecir el “frío polar” de la sala permiten un intercambio de sonrisas. Gritos que casi parecen una carcajada sorda dan final a Going Back y encadenan una deliciosa Russian Girl. En las próximos minutos, sus pies no paran de repiquetear en la silla a través de los compases de Black Indians y de un Chandelier que sella un final de trayecto. Tras unos versos que se convierten en suspiros y notas quedas, vuelve la normalidad y el bullicio típico de bar. De Quentin Gas (si de Gas nos referimos a gas-oil) tenemos la certeza de que le queda aún mucho combustible por quemar.

Fotografía: Álvaro Trigos