El segundo asalto en la edición veraniega de Nocturama tiene como protagonista el rock instrumental de la mano de los Tiki Phantoms y sus extraños compañeros de desembarco, Pelo Mono. Melodías surferas, caña, calorcito y vudú, sobre todo, mucho vudú.

Para dar comienzo a un agosto atípico (no muy caluroso, pero agosto al fin y al cabo) no hay nada como tomar una copa agustito, al calor entre multitudes mientras ves a… espera ¿Quiénes son esos? Pelo Mono, gorila mas simio, dueto de rudimentaria percusión más guitarra electro-mecanizada con todo tipo de artilugios, suben al escenario con el aire silencioso y noctámbulo de los errantes. Más allá del inquietante juego de máscaras, lo que resulta imposible de dejar escapar a primera vista, el conjunto exuda una contradicción: elegancia y bestialidad. Tan inseparables como complementarias. A medida que nos exhiben sus proezas, el cóctel, al principio turbio y cenagoso, va esclareciéndose hacia un ejercicio de destreza y sentido compositivo tan característico como notable.

Porque Pelo Mono es una melodía que se va conformando a escalones: a medida que la guitarra va generando bases y pistas paralelas, ayudado también de algún que otro aparetejo sintetizador. Junto a esta mezcla, puesta a remover en los parlantes, la base del ritmo lo genera un inmutable gorila que aporrea cubos de basura, sacude platillos y patalea una maleta a suerte de bombo. Si todo esto ya suena a cocina, no podrían faltarnos las especias (aparte de los pelos): una línea de country y rock surfero, se alternan con convulsiones de lo más jazz.

Alrededor de este potaje prevalece la siempre dominante mano del simio que saca todo el jugo posible de unos instrumentos que se retuercen y convulsionan con los alaridos distorsionantes y más profundos de la maleza. El grito mudo es un WAAAGHT! que nos hace alternar el movimiento de brazos como si nos encontraramos en una carrera. Para un sonido más rythman blues o más jazz, nos quedamos con un Mingus que se estira en un juego de cacofonías que se alternan más allá de las simples seis cuerdas. Para que sepamos que también en El Planeta de los Simios hay educación sendas reverencias marcan la marcha de estos monos que al igual que sus espectadores humanos ya han dejado todo bien patas arriba.

Para cocktel explosivo el protagonizado por los Tiki Phantoms que dieron broche y terminaron por destartalar el suelo del recinto. En esta gala de monstruos anónimos, el cuarteto surgido del volcán lleva ya sus añitos hechizando a las multitudes con sus macabras melodías. Hay que reconocerlo: el surf rock revival, el sentido del show y la caña constante al público fueron los ingredientes básicos en los que los Tiki dan gala de un ardiente aunque marchito corazón. Nos vamos de marcha con un Ay Caramba!

El ambiente del club no convence a los Tiki, y ante la deserción de “El Bravo” (batería), ya va siendo hora de que la peña se anime so pena de que les caiga un rayo… o algo peor. Para romper el hielo llega el momento del “Tiki-sacrificio”: a una joven y guapa virgen (o no) le toca surfear en una “colchoneta de princesitas” por encima de la marea humana y romper la cresta de la ola a fuerza de un estrepitoso comienzo… un empujoncito… un empujoncito más, y camino de la eternidad (y los tiburones). Con las cabezas desbocadas, el trasiego de la princesa surfeadora encadenaba con una conga masiva.

Con tres discos a la espalda, el repertorio dio gala de un poquito de todo, desde los tonos más bailongos como El Hombre Gamba, a más rockeros como Fuego o El Pulpo, al estilo más eminentemente surfero (valga la redundancia) de Kilahuea. El ritmo de los Tiki Phantoms se basa en la sucesión casi sin respiración de temas, sobre todo ahondando en sus éxitos anteriores más sonados junto algún tema nuevo y que en palabras de “El Caníbal” (guitarra) “va a ser un auténtico temazo”. Junto con “El Beat” (guitarra) y “El Jíbaro” (bajo) dan rienda a su danza cadavérica, en un show en el que no falta la pose del trío ametrallador en la que sacuden ráfagas de seis cuerdas, diezmando al público en el proceso.

El propio “Caníbal” nos incita ante lo vertiginoso de la situación a un descansito. “Como hemos visto que aquí hay mucho campo, vamos a tocar una lentita para que conozcáis a los que están a vuestro alrededor, sean del sexo opuesto… o animales”. Ojos verdes proporciona un breve remanso de paz que da paso a más punteos reverberantes y cristalinos. La intervención de ultratumba de los Tiki ha desatado las ganas de jaleo de un público que como es de rigor pide la vuelta del cuarteto que nos proporcionaron una despedida por todo lo grande con un Tiki on me, el canto al dios Tiki de estos guerreros de ultratumba en su versión propia y característica de la mítica Take on me de Aha.

Fotografía: Julia Castillo.