Para comenzar, nos gustaría que nos hablaras un poco del proceso de gestación de  Bantastic Fand. ¿Cuál fue el detonante para que os reunierais? ¿Fue una decisión  motivada de mucho antes o surgió de manera espontánea?

No sé si se puede llamar detonante, pero Bantastic Fand surge de la necesidad de grabar un disco que nos representara.  Llevamos muchos años involucrados en la música, pero siempre había un elemento distorsionador que no nos permitía crecer… En 2011, yo quedé liberado de mi vida anterior y supe que el momento había llegado. El disco empezó a grabarse sin tener todavía el nombre del grupo. La banda vendría después… Tengo la impresión de que este disco es la culminación de muchos años intentando buscar nuestro sonido. En los estudios profesionales que habíamos podido permitirnos, nunca lo encontraron. Nosotros, con nuestras espartanas grabadoras de cuatro pistas, tampoco. Así que decidí construirme un estudio al máximo de mis posibilidades, invertir más de un año en aprender a manejarlo y autoproducir  Strong Enough to Refuse. Lejos de buscar la pulcritud, mi lucha ha sido evitar que las canciones perdieran su materia sensible. En realidad, puedes usar la tecnología para realzar o esconder el alma de una canción. Depende de ti. De si sabes o no lo que buscas. La línea es muy delgada. Puedes sepultar la magia si te dejas arrastrar por la tecnología. Hoy en día es habitual encontrarse discos tan técnicamente perfectos como artísticamente aburridos.

Sois un conjunto de lo más variado (geográficamente). ¿Qué aporta y como coordináis  esa variedad de caracteres?

Bueno, casi todos los músicos que han participado en el disco colaboraron con nosotros en algún momento de nuestra trayectoria, sobre todo en la época de The Rivertones, una banda de rock americano que rodó intensamente por Cataluña entre 1997-2000. Aquel era un grupo de músicos cambiantes, una especie de Rolling Thunder Revue en miniatura, y con algunos de ellos hemos seguido en estrecho contacto a lo largo de los años. Un catalán, un argentino, un almeriense, varios cartageneros… Pero ésa no es una banda posible para el directo. La distancia geográfica lo impide. Una banda necesita verse las caras a menudo y eso es lo que está pasando ahora en Bantastic Fand. Sigue el almeriense, y el resto son todos cartageneros.  Y entre Cartagena y Almería tenemos la base de operaciones. Pero si alguno de los otros puede y le apetece, siempre es bienvenido para unirse a la fiesta. Y es algo que ocurre a menudo.

Travellin’ band es una canción de los Creedence Clearwater y el nombre de la antigua  confederación entre Paco del Cerro y Nacho Para. ¿Se avista un componente viajero en  Bantastic Fand?

 Bajo el nombre de Travellin’ Band, Paco del Cerro y yo grabamos nuestras primeras canciones en los años 80. Él se había amamantado con la Creedence y los Eagles, y yo con Dylan y los  Beatles. Por esa época aparecieron los Traveling Wilburys, con su desenfado contagioso. El aire viajero de toda esa música sin duda encajaba con nuestra perspectiva del mundo. Música artesana, sensible, elegante, con gusto, sin virtuosismos innecesarios, todo el foco puesto sobre las canciones y no en los músicos que las interpretan. Recuerdo que ese concepto de banda abierta fue lo que nos dejó hipnotizados la primera vez que escuchamos a The Band.

Raíces americanas para un rock desde el sur de España. Y desde el sur de España parece que habéis calado en el Magreb. Cuéntanos más acerca de este gazpacho de  culturas.

Bueno, raíces americanas tiene nuestra música, no nosotros. O sí. Yo crecí en un ambiente de películas del oeste, las que se hacían en Almería cuando era niño. Aparte de Hollywood, no creo que haya habido un lugar en el mundo con más concentración de estrellas del celuloide como la Almería de los años 60 y 70. Venía mucha gente de fuera, continuamente. La ciudad se agitaba. Había fiestas, movimiento, cosas desconocidas en aquella Almería de esparto y franquismo. El idioma inglés era una señal de que había otro mundo más allá de nuestra entonces pobre, aislada y recatada tierra. El cine, los extras, los especialistas… Eso, y el influjo misterioso de la visita de John Lennon en 1966, justo después de que los Beatles lanzaran Revolver y justo antes de que se metieran a hacer Sgt. Pepper’s. Todo aquello me pareció siempre mucho más cercano a mi mundo que lo que representaba, por ejemplo, Manolo Escobar. Coincidiendo con el declive del cine, empezó a aparecer otra variedad humana, más exótica, encarnada por los marroquíes y argelinos que cruzaban en los ferrys para ir o volver de Europa. Más tarde empecé a viajar por África del Norte, y músicos como Ali Farka Touré me hicieron ver de dónde provenía realmente lo que llaman música americana. Que tengamos una creciente legión de seguidores en el Magreb y el África subsahariana no es tan extraño para mí. Un almeriense de los años 60 ha crecido entre estrellas de Hollywood e inmigrantes con turbante. Y yo creo que todo ese universo está recogido de alguna forma en nuestra música.

La inmensidad del desierto y en definitiva la influencia del medio natural parece que influye mucho en la temática de vuestras canciones.

Es posible. Pero en realidad yo creo que exploramos más la condición humana. Las nuestras no son unas letras con principio, final y moraleja. Nos gusta construir el paisaje de las canciones con imágenes superpuestas, como un collage, y quizá en eso sí que tratemos de imitar a la naturaleza. Yo soy más de desierto y Paco es más de montaña. Supongo que eso también se nota. Hay picos y valles en casi todo lo que hacemos. Somos gente de campo, del medio rural. Hemos vivido muchos años en grandes ciudades, pero un buen día renunciamos a ellas…

¿A dónde se mueve vuestra repercusión musical más allá del ambiente desértico?

Desde que empezamos, siempre intentamos hacer buenas canciones. Canciones sin tiempo. Canciones que pudieran cantarse hace 30 años o dentro de 50. Otra cosa es si lo conseguimos. Pero eso es lo que nos mueve. Tratar de hacer una canción original digna de estar en alguno de los discos de los artistas que nos gustan. Así se componía antes. Los compositores de antes pensaban en Chuck Berry, o en Woody Guthrie, o en Robert  Johnson, y entonces hacían una canción. ¡George Harrison escribió All Things Must Pass pensando en la voz de Levon Helm! Esa gente recogía lo de atrás, lo pasaban por el tamiz de su talento y lo regurgitaban como algo nuevo. Y lo era, sin duda. La música para nosotros no tiene nada que ver con las poses. No trataremos nunca de parecer  lo que no somos. Y somos conscientes de que así lo tenemos más difícil en este reino de la impostura, pero es lo que hay.

La fotografía está muy presente en el universo de Bantastic Fand. ¿Cómo funciona esta  relación? ¿Seguirá presente en vuestros próximos trabajos?

Como ya he dicho, nuestras letras funcionan como imágenes superpuestas. Aunque no me considero fotógrafo, he publicado muchas  fotos en mi vida anterior. Y conozco excelentes profesionales de la fotografía, a los que siempre he admirado. Por eso, les pedí que me ilustraran las 12 canciones del disco en una expo itinerante en la web. Uno de ellos fue Sergio Caro, sin duda el mejor fotoperiodista de Sevilla, ganador de reconocidos premios internacionales. La portada del disco es una foto mía de un niño que quema rastrojos en el campo de Cartagena, aunque da la impresión de estar quemándose en el infierno.

Influencias musicales. Ya en vuestra web citáis varias: Bob Dylan, Gram Parsons, Neil  Young, The Byrds, The Band, J.J Cale… ¿A raíz de esto, cuales aportáis cada uno de los  miembros de Bantastic Fand? ¿Cuáles son los ingredientes indispensables para hacer el sonido de Bantastic Fand?

Los ingredientes esenciales son la melodía y la emoción, la profundidad y la textura. Creo que esos son los aspectos más reconocibles del disco.  En cuanto a la equiparación de miembros de la banda con nuestras influencias, es complicado, pero acepto el juego: Paco del Cerro es el más John Fogerty y el más George Harrison; Iván Estefanía es el más J.J. Cale; Alfonso Gomariz es el más Eric Clapton; César Bayo, que falleció durante la grabación del disco, era el más Gram Parsons; y de mí, dicen que soy el más Dylan y el más Lennon. Pero, como bien dijo el cineasta Jean-Luc Godard: «no se trata de de dónde coges las cosas, sino de a dónde las llevas».

Defíneme el concepto de rock artesanal, que parece impregnar todas las esquinas de  este álbum.

Artesanía es hacer todo con tus propias manos. Eso da a lo que hagas un componente de singularidad, alejado de lo industrial. Bantastic Fand construye su estudio, se autoproduce, se autoedita. El control de las riendas creativas está garantizado. Escuchamos muchas opiniones, pero ninguna imposición. Hacemos nuestras canciones, nuestras letras, ideamos la web, la portada del disco y los posibles videoclips…. También lo comercializamos nosotros mismos. El CD, con un cuidado libreto de 16 páginas, solo puede adquirirse a través dewww.bantasticfand.com. O más sencillo aún: escribes a nuestro email (lafanda@bantasticfand.com) y explicamos cómo hacerlo. Nosotros ensayamos después de la jornada laboral de cada uno de los miembros, que al mismo tiempo son artesanos en sí mismos: jardineros, sastres… Ensayamos en el mismo local donde grabamos y a menudo tocamos en el porche, por puro placer.

¿Qué nos cuenta la frase que pone título al álbum, Strong Enough to Refuse?

Lo bastante fuerte para negarse, o para rechazar… Además de que nos gustó la sonoridad de la frase, que es unos de los versos de I’m Ready. El concepto entronca con nuestra actitud vital. Todo el mundo, por una u otra razón, empieza a sentirse molesto e incómodo con el sistema suicida y desnaturalizado que nos están imponiendo gente que en ningún caso representa el sentir general. La gente se está cansando de que la mal dirijan, de que le roben. La gente quiere pasión, está harta de la ambición. Ser no es poseer. La gente no es tonta y lo sabe. Y empieza a negarse, a rechazar. Se huele por todas partes, aunque también se huele el conservadurismo feroz. Muchos no sentimos fuertes para no dejarnos llevar por la manada. ¿Qué es difícil abrirse un hueco haciendo lo que realmente quieres? Pues sí, pero yo creo que es más difícil aguantar toda la vida en un trabajo donde pones tu talento al servicio de unos intereses con los que no comulgas.

Si hubiera que buscarlas ¿Cuáles serían las etiquetas o tags inevitables para este nuevo disco?

No sé si lo intangible se puede reducir a tags. Ese es un problema, ¿sabes? La gente necesita categorizar y etiquetar. Hemos hecho un disco, quizá muy americano, lo cual no significa que el siguiente sea más inglés o más africano… Nosotros hacemos canciones, a veces son folk y otras son más soul o más lo que sea. Las canciones vienen y son como son, y piden lo que piden. Dentro de un disco puede haber muchas cosas en una. No nos van las limitaciones. Nunca pensamos en qué categoría se inscribe lo que hacemos. Algunos locales que programan pop nos ven demasiado puristas. Y en algunos locales puristas, nos ven demasiado pop. Eso, antes de que toquemos. Cuando tocamos, ya solo nos dicen que les gusta o no les gusta lo que hacemos. De todas formas, la revista Ruta 66 nos definió con una etiqueta que no me desagrada: roots&roll.

Desde hace unos años, parece que se ha montado una resurrección del rock con raíces  folk y el country. Un grupo británico Mumford and Sons arrasa entre la gente joven y  en las discotecas se escuchan remezclas en las que no falta el country. ¿Qué os parece este retorno más o menos generalizado?

Nosotros empezamos a hacer roots&roll cuando éramos niños y es lo que seguimos haciendo. Nunca hemos estado atentos a las modas. The Rivertones, nuestra banda de los 90, es anterior a los Jayhawks. Nunca nos hemos guiado por las modas. Aquí, de lo que se trata es de si tienes canciones o no tienes nada. Y de si sabes o no depositar su jugo en una grabación. Y aun así, si tienes las canciones y bien grabadas, es muy difícil hacerlas escuchar y saborear en medio de tanto ruido y empacho. No sólo de música. Empacho de todo. Tampoco hemos escuchado mucho eso que llaman americana. Hay muy pocos artistas posteriores a los Jayhawks a los que le hayamos dado más de una vuelta. Ryan Adams, Neil Casal, Drive by Truckers, Felice Brothers… No sé si la americana ha acabado con el rock americano o simplemente ha servido para confundir, pero mirando atrás no hay ningún grupo de americana que le llegue a la suela de la bota a The Band. Para nosotros, la modernidad de The Band sigue siendo la referencia. En The Band no hay esnobismo, ni pose, ni slides mareantes. En The Band mandan las canciones por encima de los estilos, por encima incluso de los egos. The Band no es mera música de blancuchos, tiene también esa parte de negritud que tenían los Creedence, esa negritud y esa pizca de sufrimiento que no tienen cuatro pijos de Denver con el pedal Steel reluciente que seguramente les compró su papá. Para mí, Mumford and Sons son los chavales esos que un día acompañaron a Dylan en los Grammy. Son graciosos, eso es verdad.

Para concluir, contadnos algo acerca de los planes de futuro de Nacho y de su Bantastic  Fand.

Pues es el plan es defender el disco en directo. Hemos hecho algunas incursiones en acústico, pero pronto saldremos con la banda completa, en eléctrico. En otoño haremos presentación oficial en el Teatro Apolo de Almería y en la sala 12&Medio de Murcia. El objetivo no es tocar en muchos sitios, sino en buenos sitios, donde realmente se nos quiera. Me refiero a lugares donde la gente vaya a escuchar, con la mente y el oído abierto. No sitios donde la gente va a comer pizza o a emborracharse y de paso oír a un grupo, el que sea, de fondo. Solo nos moveremos cuando merezca la pena.