Hay cosas que no pueden faltar a la hora de pensar en un concierto de rock. Probablemente nos vengan a la cabeza lascivos solos de guitarra. O los solos de batería (desde hace algunas décadas, a doble pedal). Las melenas despeinadas, los saltos desde el escenario, destrozar las guitarras. Letras perversas y pegadizas que incitan al desenfreno y te contagian en vivo y en directo. En un largo etcétera, confluyen las esencias más puras del rock, cosa que los Labios nos invitaron en una noche que más que un concierto parecía un viaje en el tiempo. Siempre con una atmósfera de lo más “familiar”, eso sí.

En un escenario que parecía el viejo salón de una casa (“la casa del rock”) y tapizados de recuerdos, fueron entrando en escena los sevillanos News. Un sombrero por aquí, unas orejas de tigre por allá; reunidos en corro, tramando de espaldas a la multitud, un altisonante ruido comenzaba a elevarse. “I wanna rock and roll”, toda una declaración de intenciones en la que sonaron temas como Automedication (primer single de su éxitoso primer disco) seguida de una rítmica You are gonna love me (or hate me), su segundo sencillo. Podrás decir que sueno demasiado punk, que no molo nada, que podría cantar en español… no nos engañemos, estamos hablando de ese sonido cavernícola y primigenio: “Nos encanta rescatar canciones nuevas”, nos confiesa el vocalista Quentin Gas. Hacia un Time to move Blues, llega la locura desatada en la que los News se pasean entre nosotros. Desperdigados por el escenario con Quentin dándose un baño entre la multitud, pasean como espíritus locos de siete notas para contarnos que venimos a eso, a escuchar rock and roll.

Y ya con las neuronas locas, con la química desatada en nuestros cerebros, Los Labios se prestaron gratuitamente a un tratamiento de electroshocks descontrolados. Si la noche va de clásicos y nos encontramos en familia, el grupo encabezado por Sammy Tylor (conocido entre otras cosas por ser hijo del mítico rockero sevillano Silvio) iba a condensar en nuestras sudorosas frentes una de las esencias más puras del rock que han nacido en la ciudad. Abriendo con una sensual You Look Like you Need a Man Sammy cae al suelo cantando como si se hallara sumido en el éxtasis de un tremendo colocón y sepultado por su melena para sorprendernos con unas lentes oscuras surcadas por brillantes símbolos de la paz. Momento de dar guerra con una Our Jokes con un tono profundamente hardrockero en la que Sammy empuña el micrófono a modo de pistola.

El vocalista inglés nacido en tierras andaluzas, chapurrea con desparpajo el español, entremezclándolo con su idioma materno y dando un tremendo juego en el que sale y entra del escenario con diferentes vestimentas que nos traen reminiscencias de Los Ramones o nos incitan al dilema de sexo o más sexo. Se desploma repentinamente al suelo fulminado como un rayo y con una eterna carcajada o sonrisa en sus labios para levantarse a los pocos segundos para patear el suelo y “estropear la alfombra”. Con movimientos de caderas que bien nos podrían recordar a un proto-arquetípico Mick Jagger, con Baby Please Dont Go se nos contagia el amor más etílico con el bajo estremecedor y supersónico de Ricky Candela. Bajo que, por cierto, cayó súbitamente al suelo (quizás por el exceso de embelesamiento) protagonizando la pifia más inesperada de la noche. Para él ya se encargó de proponernos Alvaro Suite (guitarra y vocales) un aplauso y homenaje al que el público respondió con gusto.
Una pifia que sin embargo no consiguió despertar de su trance místico a Charlie Cepeda (guitarra ¡y tanto!) que en una On Guitar anticipada por su tono soñador y perezoso, nos condujo hacia un diametral sólo, en un viaje psicodélico que terminó por ahogar las guitarras en otra dimensión, por dilatar cuerdas, así como las gargantas de los presentes envalentonados por el frenesí sin fin.

Hacia el final de este viaje ácido y metálico, los tobillos ya se dislocan con una Birthday en la que el vocalista nos ofrece la pipa de la paz y nos invita a un cañero aquelarre. No pudo haber descanso para unos Labios que no pudieron quitarse de encima a los miembros del público que les esperaban al final de la escalerilla lateral del escenario, a la espera de más y más. Tras un par de bises y el amago de un tercero por parte de Charlie Cepeda, los Labios se despedían. Destrozados por los continuos clímax, lo último que les quedaba era el cigarrito pos-coital.

Fotografía: Julia Castillo.