¿Es posible mantener la intensidad, un continuum energético sin perder fuelle, mantener decenas de orejas erizadas atentas al vaivén de tus ondas sónicas? A estas alturas, Second no necesita palabras para hacerte llegar su mensaje: se comunican a través de tus pies no dejándote un respiro, ni quitándote las ganas de cantar.

Su aparición en Nocturama se venía respirando desde los primeros instantes. El aclimatamiento empezaba, muy acertadamente, con una atmósfera de sintetizadores, oscuras voces enlatadas y aparatos de humo con la que intervinieron sus teloneros, The Noises. Los chicos de Madrid, de gira de verano, presentan su nuevo disco Pacífico. Arrancando con su tercer sencillo Caza (“sígueme, te seguiré”) nos ofrecieron un entrante fresquito, pop-rockero, indie y ligero ideal para un calor que en las próxima hora se iría disipando hasta quedar en el clásico biruji nocturno. En la despedida no podía faltar el selfie de rigor, recuerdo de su primer paso por Sevilla.

Al tiempo, un rugido de sintes anunciaron, como si de un cuerno de guerra se tratara, de la llegada en penumbras de los Second, uniformes y uniformados. Silabeando y trinando el estribillo de 2502 desde las gradas múltiples voces contestaba con un trino similar y arrollador. La reacción en cadena ya estaba desatada. Ya en segundas posiciones, salía a modo de saludo una interrogación de Sean Frutos: “¿Estáis psicopáticos?”. Psicopáticos o no, el clamor en respuesta convertiría cualquier preocupación en pretérito imperfecto. El sintetizador suena estelar y el bajo de Nando, espectacular en un alegre y bailongo Antiyo. Tras quince minutos ininterrumpidos de Second llega la inevitable pausa, breve tiempo para dar un par de sorbos de cerveza y a escuchar cual reclamo el ruido de baquetas. Buenas noches y tranquilos, que Mañana es domingo, un segundo saludo para pies inquietos.

Esta segunda tregua, la última de la noche, daría lugar en palabras literales a un tranquilo ascenso: si esto es una montaña rusa, ahora hay que subir. Bajón de luces para dar paso a un coreado Muérdeme. En una de esas brevísimas pausas que anteceden a la tormenta, Sean nos alerta de que Jorge ya “anda aburrido, quiere marcharse”. Por su parte, está claro que esto no ha acabado y suelta un pícaro “A mí me gusta quedarme hasta el final”. Hasta el final pues y vuelta de los trabajos anteriores con los que se han ido aupando a nuestras conciencias. Con Rincón exquisito llega uno de esos momentos en los que nos convertimos en Los chicos del coro, uno de esos en los que sólo se escucha a los que estamos bajo el escenario. Tras estos instantes de comunión colectiva toca una movida autodestrucción. Los Second se van para volver hasta una y hasta dos veces y nos dejan, de bonus, Rodando.

Fotografía: Álvaro Trigos.