Maribel Verdú y Antonio Molero protagonizan una comedia amena, repleta de contrastes y situaciones que alternan entre la sonrisa y la carcajada.

¿A quién no le ha pasado alguna vez? a veces una historia de amor puede empezar con una simple mirada hacia aquella persona en la que nunca habías reparado y en el momento menos esperado. “El tipo de al lado” parte de esa situación de amor a primera vista entre dos personas radicalmente diferentes, pero que por circunstancias de la vida, comparten la muerte de un ser querido. Ella (Maribel Verdú), bibliotecaria, poquita cosa pero llena de energía (y de neuras), visita la tumba de su marido como remedio para desahogarse. Él (Antonio Molero), agricultor, garrulo de campo aunque persona práctica y bonachona, acude a la tumba de su madre para contarle sus rutinas en la granja. Ambos comparten banco, soledad, nostalgia y un impulso por querer seguir adelante. Al principio se observan con menosprecio, con la indiferencia del ajeno, pero pronto la curiosidad puede con ellos, y con un repentino chispazo el menosprecio se convierte en curiosidad y de ahí a todo lo demás.

Partiendo de esta rocambolesca situación y unos personajes que de primeras nos podrían parecer tópicos, ante el espectador se desarrolla a base de situaciones una historia ágil que en ningún momento aburre o provoca tedio. Las disparatadas situaciones se enlazan al son de una coreografía en la que ambos personajes se mueven por el escenario con soltura: cómo se persiguen el uno al otro hasta que tienen el primer cruce de palabras, su primera cita, sus conversaciones y discusiones, el “en tu casa o en la mía”… todo ello gracias a la experta, casi matemática, dirección de Jose María Pou con la que los actores, nos cuentan, “se han sentido muy cómodos”. Son los gestos, la mímica y la interacción, no sólo entre los actores sino también con el público, la salsa de esta obra, que sin apenas atrezzo consigue despertar en todo momento la imaginación del espectador.

El escenario es minimalista: una simple colina verde y un cielo azul de fondo para recrear un entorno idílico y dos bancos, que a medida que avanza la obra y se nos va descubriendo poquito a poco algo más de la psique de los personajes, irán distanciándose (o uniéndose). Los personajes se enzarzan a modo de monólogo para contarnos lo que les pasa por la cabeza. Y es aquí, entre el malentendido, las dudas y los cacaos mentales, donde la relación aunque caricaturesca, hace que el que está sentado en la butaca logre hacer suyas algunas situaciones y en ocasiones se sienta identificado. Su diferente ritmo de vida, las expectativas que tiene el uno con el otro o las luchas de poder, detalles y manías cotidianas, sirven de reflejo de lo absurdamente complicado que a veces se vuelven las relaciones sentimentales. Pou añade, para más inri, hilarante discusión ideológica (“eres un facha” y “tú una progre”) que añade un toque de ironía y actualidad muy reconocible para el público español. ¿Es posible una relación entre personas tan diferentes? ¿O no es todo más que atracción física y sexual? En esta diatriba, los personajes de “El tipo de al lado” regalan una comedia amable, ligera y dinámica, disfrutable para una gran mayoría del público.